CategoríasPubli |
Autor : cazzique
ID del relato : 437
Audiencia : Abierto
versión 1.00.01
Fecha de Publicación: 25/7/2010 18:42:29
Lecturas : 185
Lentamente él se acercó a mí, sus intenciones eran las que yo imaginaba y no pude escapar, los labios de Don Gustavo se posaron suavemente en los míos, sentí su calor recorriéndome el cuerpo entero y no pude más, entreabrí ligeramente mi boca para dejar pasar la caliente lengua que enseguida buscó a la mía. Esa tarde llegué a casa de mi amigo Jaime, lo estaba buscando pues supuestamente íbamos a ir a una tardeada con algunos de los compañeros del colegio. Toqué el timbre de la casa y salió su padre a recibirme, me explicó que Jaime no se encontraba pero que no tardaría demasiado en llegar así que me hizo pasar para poder esperarlo. Me senté en la sala junto con el padre de mi compañero que se encontraba viendo en esos momentos una película en la televisión, por un momento no me percaté de que era lo que había en la pantalla pero luego algo llamó poderosamente mi atención. En la pantalla se veía a un par de tipos besándose, esto logró que mi atención se centrase en la pantalla y por algunos segundos me quedé congelado mirando el monitor, el padre de mi amigo apagó entonces el televisor y muy avergonzado me pidió disculpas diciendo que no había nada más que ver en el cable. Yo me quedé perplejo por unos instantes para luego reaccionar diciendo que no había problema que entendía que en cable no había nada bueno a esas horas, el papá de mi amigo sonrió y yo le devolví el gesto aunque sentí algo más de curiosidad y le dije que si gustaba la podía volver a encender. Miré a Don Gustavo, el padre de mi amigo y él muy amablemente me regaló una sonrisa mucho más amplia y me ofreció asiento a su lado, dijo, para conversar mejor. Algo extraño comenzó a recorrer mis venas cuando las imágenes regresaron a la pantalla, los sujetos ahora ya desnudos de la cintura para arriba se besaban de una manera muy excitante. Me sentía muy nervioso sentado casi al lado de don Gustavo, su mirada también estaba fija en la pantalla de y vez en vez giraba su rostro para mirarme de reojo, yo hacía lo mismo. En una de esas ocasiones en que me giré a mirarlo comprobé que era un hombre fuerte, de rasgos masculinos bien definidos y nada feo, estaba completamente calvo pues se rasuraba y esto lo hacía verse un poco agresivo, pero siempre se portó muy amable conmigo, bajé lentamente la mirada para ver su entrepierna pues noté un bulto bien marcado allí; efectivamente me cercioré de que el pene del padre de mi amigo estaba completamente erecto. Por algunos instantes no pude apartar la mirada de ese gran bulto y una extraña sensación de excitación me recorrió toda la espina dorsal, quise estirar la mano para poder alcanzar ese aparato extraño que se ocultaba debajo de los pantalones pero logré contener mi entusiasmo. Nunca antes me había sentido de esta manera y me asusté un poco pues comenzaba a ponerme mucho muy nervioso. Decidí entonces levantarme y pedir disculpas fingiendo sentirme indispuesto a continuar allí. Mas antes de que pudiese yo decir algo Don Gustavo se tomó el paquete con la mano y mostrándomelo descaradamente me dijo que posiblemente esto sería de mi agrado, quise salir corriendo pero algo me detuvo allí, miré el rostro del señor y vi dibujada en el una deliciosa sonrisa. Lentamente él se acercó a mí, sus intenciones eran las que yo imaginaba y no pude escapar, los labios de Don Gustavo se posaron suavemente en los míos, sentí su calor recorriéndome el cuerpo entero y no pude más, entreabrí ligeramente mi boca para dejar pasar la caliente lengua que enseguida buscó a la mía. La respiración agitada de Don Gustavo me quemaba su aroma de hombre, la potencia de sus brazos, todo me comenzó a hacerme sentir algo que nunca antes había experimentado, algo que no obstante saber que no podía ser me empujaba a probarlo con todos mis sentidos. Las grandes manos de el hombre acariciaron mi rubia cabellera y abrí los ojos para comprobar que no era mentira lo que estaba sucediendo. Sin saber porqué llevé mi mano a la entrepierna del padre de mi amigo y sobé muy delicadamente el pedazo de carne que allí se ocultaba. Don Gustavo me comentó que desde hacía ya algún tiempo quería ver de lo que yo era capaz, que le encantaba y que ya sospechaba que a mí me gustaría todo eso. Yo no sabía que contestar a tan certera confesión pero estaba seguro que algo nuevo iba a suceder allí. Tras varios minutos el hombre se separó ligeramente de mí diciendo que sería mejor que nos fuésemos a otra habitación o si entraba alguien nos podía descubrir, enseguida me levanté para seguirlo, llegamos al estudio en donde nos encerramos con pasador. Don Gustavo se acercó lentamente a mí, ambos estábamos de pie, me sacaba casi una cabeza y se agachó para nuevamente besarme en los labios y comenzar a acariciarme las nalgas. Sentí sus grandes mano apoderándose de mi trasero y deliciosas sensaciones me comenzaron a recorrer nuevamente el cuerpo. Su lengua metida profundamente en mi boca jugueteaba sin descanso con mis dientes, lengua y paladar. Don Gustavo se separó de mí y sin más se sacó de entre los pantalones ese instrumento largo y gordo que antes había podida acariciar por encima de la tela del pantalón. Nunca antes había visto un pene que no fuera el mío y este me pareció increíblemente grande y gordo, estaba pasmado con la visión hasta que escuché la voz del señor pidiéndome que se lo acariciara. Dudé por algunos segundos pero finalmente me animé a poner mi mano encima de ese grueso y gordo instrumento, la primera experiencia resulto completamente nueva pues nunca pensé que se sintiera algo así el tener un pene ajeno en la mano, era calido, suave y manejable, despacio comencé a mover la piel hacia delante y hacia atrás mientras que Don Gustavo me comenzaba a desabotonar la camisa que traía puesta. Pronto sentí sus tibios dedos acariciando mi pecho y principalmente mis pezones que enseguida se pusieron duros, la camisa salió por completo cuando el llevó las manos hacia mi espalda y jaló la prenda, tuve que quitar mi mano del pene por unos instantes pero luego continué con mi labor. Estuve mirando detenidamente el instrumento de Don Gustavo, la cabeza de su garrote era gorda y rojiza, el tronco se encontraba lleno de gordas venas que saltaban por lo largo dándole una apariencia de mayor fortaleza, lo apreté un poco más logrando un gemido del señor. Don Gustavo me pidió que siguiera apretándose de esa manera mientras se lo movía y se comenzó a desajustar el cinturón y se abrió por completo el pantalón, pude de este modo ver por completo el largo del pene y los vellos púbicos abundantes en la base del mismo, los testículos colgaban por debajo balanceándose rítmicamente al compás de los movimientos de mi mano. Luego de algunos minutos el hombre me pidió que se la chupara, nunca antes había imaginado hacer algo como eso y la verdad me dio un poco de asco, el hombre insistió y al ver que yo no lo deseaba hacer me comenzó a decir que nada tenía de malo y que si me atrevía lo iba a gozar demasiado. Le dije que no quería y entonces me propuso un trato. Me dijo que si yo disfrutaba la chupada que me daría yo se lo haría a él, de lo contrario me dejaría en paz y no se la mamaría. Acepté el trato y Don Gustavo me comenzó a desnudar enseguida. Me pidió que me hincara sobre el sofá que tenía en el estudio y mi erecto tronco quedó a la vista del padre de mi amigo. Don Gustavo se hincó en el piso y sin más se llevó a la boca mi pene, su lengua comenzó a pasearse por lo largo de mi tronco que aunque no era tan grande como el suyo ya podía apreciarse un buen tamaño. Las sensaciones que comencé a experimentar eran formidables y él sabía muy bien que puntos tocar para hacerme sentir bien, a los pocos minutos de que me la comenzó a chupar sentí que estaba por correrme pero él sabía muy bien detenerse en el momento oportuno y nada ocurrió. Ni hablar, tuve que decir la verdad cuando el me preguntó si lo había disfrutado, claro que lo había disfrutado; Don Gustavo se levantó y colocó su enorme pene frente a mi rostro. Llevé mi mano derecha al instrumento y lo menee un par de veces mientras lo observaba. Abrí los labios y comencé poco a poco a pasarlos por la cabeza del pene, el sabor era en verdad extraño pero no desagradable así que seguí chupándolo lentamente, reconociendo la textura y el grosor, a los pocos minutos logré meterme toda la gorda cabeza del aparato y segundos después ya estaba devorando parte del tronco. La cosa en verdad que se estaba poniendo más dura que al principio pero era ahora una sensación agradable lo que yo experimentaba, logré tragarme casi tres cuartas partes de ese grueso instrumento y continué metiéndolo y sacándolo de mi boca por muchos minutos más sin descanso. Los gemidos que el padre de mi amigo daba no dejaban lugar a dudas de que lo estaba gozando. Ya varios minutos después él me pidió que lo hiciera más rápido y sujetando mi cabeza con sus manos me ayudó a moverme a la velocidad que deseaba, pronto sentí que la verga se inflamaba al máximo y un calor enorme me quemó la garganta, procuré escapar de él pero me tenía firmemente sujeto, el sabor del semen era fuerte y tuve que tragarlo a como diera lugar o de lo contrario terminaría asfixiándome, por fin tras varios segundos logré pasarme el espeso jugo de Don Gustavo y su pene comenzó a perder la dureza, entonces me levanté y le reclamé el haberse venido en mi boca, pero mi reclamo no era tanto un reproche sino una queja por no haberme avisado que eso sucedería. Don Gustavo me dijo que no quería un rechazo de mi parte y por eso lo tuvo que hacer de esa manera. Y ahora que eso había ocurrido en verdad que no me desagradó para nada y solamente terminé de limpiarme los restos del semen con un pañuelo desechable que tomé de una caja que se encontraba sobre el escritorio. Don Gustavo se acercó a mí para nuevamente besarme y acariciarme, luego me susurró al oído que deseaba hacerme suyo, su boca cerca de mi oído y hablándome en ese tono logró que mi piel se erizara completamente y simplemente me dejé conducir por las grandes manos del padre de mi amigo. Don Gustavo me llevó nuevamente hasta el sofá y allí me hizo sentarme, él se sentó a su vez en el suelo frente a mí y enseguida me tomó por las piernas, mi verga que aun seguía dura quedó frente a su rostro y enseguida se apropió de ella con su boca; me la mamó deliciosamente pero nuevamente fue muy cuidadoso de hacerme venir, lamió finalmente mi tronco y luego las bolas, de ahí comenzó a bajar hasta mi ano al cual lamió delicadamente haciéndome sentir cosas en verdad maravillosas. Tras varios minutos de estar lengüeteando mi agujero trasero Don Gustavo dejó que uno de sus dedos se introdujera lentamente en mi recto. La sensación era en verdad extraña pero dejé que él continuase con su labor pues poco a poco me comenzó a gustar lo que sentía. La dedeada en mi culo se prolongó por espacio de unos diez minutos luego de los cuales el me volvió a lamer el agujero para dejarlo completamente lubricado con su saliva, Don Gustavo se levantó entonces y tomando unos cojines del sofá los acomodó en el suelo para hincarse y acomodarse bien en medio de mis piernas abiertas de par en par que él sostenía con sus manos apoyadas en mis muslos. Sentí entonces cómo comenzaba a pasear su gruesa cabeza del pene por entre mis nalgas y amenazaba apuntando contra la entrada de mi trasero, pasaron solamente unos segundos y Don Gustavo se lubricó el glande con su saliva, lo volvió a apuntar contra mi agujerito y empujó lentamente. Enseguida sentí como las paredes de mi ano se fueron ensanchando, el pene avanzó hasta que el glande quedó completamente dentro de mi culo, un dolor intenso pero soportable invadió mi recto pero conforme Don Gustavo avanzaba el dolor se intensificaba haciéndose casi insoportable. Gemí, lloré, pujé y casi grité mientras que el grueso tronco de el hombre continuó avanzando hacia el interior, en verdad sentía que me estaba partiendo en dos. Pasaron varios minutos, cerca de diez calculo yo para que la penetración se completara pero por fin sentí que todo el tronco de el padre de mi amigo se encontraba bien enfundado en mi agujero trasero. Don Gustavo simplemente me observaba y me sonreía a la vez que se agachaba para poder ver su pene completamente dentro de mi culo. Lentamente se comenzó a mover, el dolor fue menguando poco a poco y ahora en verdad que comencé a disfrutar de los movimientos de ese pene dentro de mi recto. Tuve que colocar mis manos en mis propios tobillos para dejar que las manos de mi poseedor se dedicaran a acariciar mi rostro y mi cuerpo mientras seguía bombeándome dulcemente. Algunos minutos pasaron, luego me sacó su verga y me pidió que me pusiera en cuatro patas sobre el sofá, así lo hice y procuré parar muy bien el culito como regalo para el hombre que tanto placer me estaba regalando, Don Gustavo esta vez de pie se acomodó detrás de mí y acariciándome la espalda empujó su garrote al interior, sentí en esa ocasión que la verga verdaderamente me llegaba más profundo. Los movimientos esta vez fueron más intensos y él me pidió que mientras me bombeaba apretara mi esfínter para hacerlo sentir más rico. Enseguida supe como lo debería de hacer y mientras sentía que la barra se encontraba en lo más hondo de mi ser apretaba el trasero haciendo las delicias de mi poseedor, supe que le gustaba lo que hacía pues sus gemidos de satisfacción se incrementaron notablemente. Ya la intensidad dela cogida era realmente intensa pero yo deseaba seguir sintiendo eso por siempre así que le pedí a Don Gustavo que no se fuese a venir, él se fue calmando y finalmente me sacó la verga por unos instantes, me pidió que me recostase en el suelo y colocó en mi vientre un cojín para que mi trasero quedara bien paradito, él se montó luego sobre mi cuerpo y me volvió a poseer, la verga me limaba deliciosamente las paredes del culo, no se si me vine o que el caso es que la sensación de placer era en verdad muy intensa, el peso de su cuerpo, su olor, sus movimientos, todo ayudaba a hacer de ese momento algo verdaderamente mágico. El placer crecía y crecía y yo ya no podía más así que comencé a mover mis caderas circularmente y a apretar más continuamente mi esfínter, Don Gustavo enseguida entendió lo que pretendía y cogiéndome por las caderas me levantó para quedar nuevamente a cuatro patas, sus caderas se aceleraron también y una de sus manos se apoderó de mi dura barra y me comenzó a masturbar. No pasó demasiado tiempo cuando comencé a gemir intensamente anunciando a mi amante que estaba al borde del orgasmo, un poderoso disparo de semen golpeó contra el suelo de la habitación a la vez que sentía en mi interior que ríos del caliente jugo inundaban mis intestinos, fue la sensación más maravillosa que nunca antes haya experimentado, tras cada nuevo bombeo de Don Gustavo sentía como su semen era depositado en lo más hondo de mí, sus gemidos y los míos se hicieron uno solo y los movimientos de nuestros cuerpos se comenzaron a hacer más lentos pero a la vez más profundos. Finalmente todo concluyó pues nuestros orgasmos habían vaciados nuestro deseo de placer. Don Gustavo se salió despacio de mí y se recostó en el sofá mientras que yo me desmadejaba sobre el suelo del estudio. Sentí como lentamente me comenzaba a escurrir el semen por entre las nalgas y despacio me fui levantando. El hombre se me quedó mirando y sonriendo me ofreció sus brazos, me senté a su lado y nos besamos tiernamente, me comentó que había sido maravillosa mi entrega y que desearía que esa no fuese la última ocasión en que eso se repitiera. Yo le sonreí y lo volví a besar en la boca para luego decirle que también deseaba volver a repetir eso, que había sido realmente maravilloso y que sabía que él me podía enseñar muchas cosas más. Nos limpiamos con los pañuelos del escritorio y nos vestimos, cuando regresamos a la sala ya mi amigo se encontraba allí mirando la televisión. Me sonrió al verme y me preguntó en donde estaba, su padre entonces intervino diciéndole que había querido conversar un momento conmigo en el estudio. Entonces Jaime me miró como extrañado y al final cuando salimos rumbo a la tardeada me preguntó sobre qué habíamos conversado. Muy sonriente le contesté que no se preocupara que no le había contado nada delo que él hacía en el colegio o con sus amigas. Mi amigo sonriente me dio las gracias y el asunto quedó olvidado. Por supuesto que me seguí viendo después con su padre pero ahora lo hacemos en un motel muy discreto a las afueras de la ciudad, llevamos saliendo cerca de un año y nadie sospecha nada de nuestra relación. FIN
Los usuarios son responsables de sus propios comentarios.
|
||||||