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Autor : cazzique
ID del relato : 439
Audiencia : Abierto
versión 1.00.01
Fecha de Publicación: 25/7/2010 18:45:55
Lecturas : 167
Y sin más explicaciones continuó mamando mi garrote, sus labios se apretaban deliciosamente en mi verga y se la llegó a meter casi completa en la boca, a pesar de todos los esfuerzos que realicé para evitar la eyaculación en ésta ocasión me resultó imposible contenerme. La mamá de mi amigo Juan es toda una belleza, desde la primera vez que la vi quedé fascinado con su fisonomía. Alta, de esbelto cuerpo que deja apreciar un buen busto, nalgas generosas y cintura breve. Cabello largo de color oscuro que le llega más debajo de la mitad de la espalda y una cara agradable y deliciosamente sensual. Es primera vez me presenté en casa de mi amigo para realizar un trabajo escolar. Desde ese día me convertí en el más ferviente compañero de Juan. Cualquier pretexto era bueno para encontrarme en la casa de él pues además de ser mi compañero vivía cerca de mi casa. Sofía la madre de mi compañero se dio cuenta de que me gustaba y en ocasiones noté que se paseaba por la sala de su casa mientras que yo me encontraba con su hijo. Ella como ya se imaginaran en algunas ocasiones usaba unas faldas cortas que me ponían la verga completamente dura de tan sólo mirarla. Las piernas llenas y largas se le veían deliciosamente delineadas por las medias, sobre todo si éstas eran de color oscuro. Justamente acababa yo de cumplir los dieciocho años y por supuesto Juan era uno de los invitados principales a mi fiesta, esa tarde se nos dio permiso de por primera vez tomar un poco de cerveza. La madre de mi amigo se presentó con él y no podía yo pedir mejor regalo pues ella venía vestida con un vestido de color blanco que se ceñía deliciosamente a su cuerpo. Las nalgas se marcaban rotundamente debajo de la prenda lo mismo que los senos, la señora traía unas medias de color oscuro y tacones altos, lo cual dibujaba todavía más deliciosamente su silueta. El cabello lo traía solamente amarrado con una liga y caía graciosamente por su espalda. Durante toda la tarde estuve deseando el momento del abrazo y en especial el de ella, cuando por fin se llegó el momento y sentí sus senos frotándose contra mi pecho por poco y eyaculo allí mismo. Como buena mujer la madre de mi amigo sabía que esto era lo que yo estaba esperando y su abrazo duró un poquito más, me dejó sentir bien sus pechos y creo que si no fuera porque todos se encontraban allí me hubiera atrevido a apretarla con fuerza contra mi cuerpo. Ella también debió sentir la erección que se me había formado de tan solo tenerla frente a mí. La fiesta duró hasta entrada la noche y yo me puse algo borracho pero sin llegar a más pues mis padres me estaban cuidando. La señora Sofía se la pasó conversando con mi madre y por supuesto qué notó las miradas indiscretas que yo le tendía desde el otro lado de la sala y creo que yo no le era del todo indiferente a la señora pues noté que ella descuidadamente dejaba sus piernas ligeramente abiertas y aunque en realidad no podía ver nada con sólo imaginarlo me la pasaba completamente erecto. Algunos días más pasaron desde la fiesta de cumpleaños y se presentó la oportunidad de realizar un nuevo trabajo en casa de mi amigo Juan. Era una tarde lluviosa y llegué junto con mi amigo, ya ambos habíamos pedido el correspondiente permiso en nuestras casas por supuesto. La mamá de Juan nos esperaba ya con algo de comida preparada y después de comer comenzamos con el trabajo. Ambos estábamos sentados en el piso y apoyados sobre la mesa de centro en la sala. Juan se levantó pues hacía falta pegamento, fue hacia su habitación. Su madre se encontraba limpiando la mesa, la miré de espaldas, traía puesta una falda corta pegada al cuerpo que me dejaba apreciar la deliciosa forma de sus nalgas. Algo se cayó al suelo y cuando ella se encuclilló para tomarlo pude apreciar como las nalgas llenaban completamente la tela de la falda y se marcaban más deliciosamente. Sentí la erección que me comenzaba a crecer entre las piernas, no perdía de vista el cuerpo de la señora mientras terminaba de recoger lo que se había caído. Ella se levantó y continuó con su labor, dio la vuelta a la mesa y terminó de limpiar lo que faltaba, llevó los trastes sucios a la cocina y regresó a la sala, se sentó justamente en el sillón que se encontraba delante de mí. Regresó Juan y se sentó de espaldas a su madre dándome el frente. Detrás de él yo podía apreciar a su mamá sentada en el sofá mirando lo que hacíamos. Transcurrido el tiempo y por descuido de la señora comencé a notar que sus piernas se separaban ligeramente y alcanzaba a mirar un poco dentro de su falda, casi llegaba a mirar las pantaletas pero lo estrecho de sus muslos me lo impedía. En una ocasión mientras que yo miraba directamente debajo de su falda levanté la vista y la vi mirándome. Sentí que enseguida se me subió el rubor al rostro y ella lo notó claramente. Pero la señora Sofía no volvió a juntar sus piernas por el contrario noté que éstas se separaban un poco más y llegué a notar con claridad el fondo blanco de las pantaletas. Se podrán imaginar que en esos momentos mi erección se encontraba en su punto más alto. Juan se encontraba pegando unos recortes en la cartulina, completamente ajeno a lo que sucedía a su espalda. La señora Sofía se recargó contra el respaldo del sillón y la visión se aclaró todavía más, no, no era posible que eso estuviera sucediendo, la madre de mi amigo seduciéndome delante de él, bueno, más bien detrás de él. Por supuesto que perdí completamente el interés en la tarea que estábamos realizando y me concentré en grabar en mi mente esas deliciosas curvas que se ofrecían a mis ojos. Se notaba ya completamente el muslo desnudo de la señora y detrás, entre las piernas un triángulo blanco que debajo escondía la vulva de ella. Cuando ella finalmente cerró sus piernas dando fin al espectáculo yo no me pude contener más y pedí permiso a mi amigo para usar su baño. Ella me miró alejarme por el pasillo. Al entrar al baño me bajé enseguida los pantalones dejando mi erecta verga completamente al aire, rápidamente me la jalé sintiendo una oleada de delicioso placer. No tardé demasiado tiempo en comenzar a soltar todo el semen que traía dentro del inodoro. Por supuesto que algunas de las gotas salieron por el borde y cayeron en el suelo. El placer fue intenso y la leche que me salió fue considerable, al final me limpié con un poco de papel higiénico y tuve que hacer lo mismo con el suelo del baño. Mucho más relajado salí del cuarto de baño y me topé entonces con la madre de mi amigo que iba entrando a su habitación. Ella me sonrió y antes de entrar en su cuarto me preguntó si todo había salido bien, en su sonrisa se notaba claramente que sabía a lo que había entrado. Regresé a terminar el trabajo junto con Juan y ya no volví a ver a su madre durante la tarde, solamente hasta que me despedí. El beso que ella me dio estuvo muy cerca de la boca y juro que la erección no se me bajó sino hasta que me masturbé nuevamente llegando a casa. Pasaron justamente tres días desde ese delicioso acontecimiento y una de esas tardes pasé a visitar a mi amigo Juan. Él no se encontraba me informó su mamá, yo nervioso quería quedarme y no sabía que pretexto inventar, ya ella estaba a punto de cerrar la puerta y yo continuaba allí parado como tonto. La puerta se cerró por completo y estaba dándome la vuelta para retirarme cuando de pronto ésta se volvió a abrir. De inmediato me giré y me topé con la señora Sofía que me sonreía dulcemente, me preguntó si antes de retirarme la podía ayudar con unas cosas que tenía que guardar en una parte alta y qué no alcanzaba. Obviamente que acepté enseguida la propuesta y ella me dejó entrar en su casa. Me detuve en la sala mientras ella después de cerrar me pedía que la siguiera. Traía puesta una blusa de tela delgada en color naranja debajo de la cual se marcaban deliciosamente sus senos, una falda negra de tela gruesa que le llegaba a la mitad de los muslos y unas medias de color negro, zapatillas y el cabello solamente suelto pero sujeto con una cinta del mismo color naranja que la blusa. Entramos en su habitación y allí había algunas cajas sobre el suelo, ella me dijo que había que subirlas en la parte alta del closet y que no alcanzaba, le pregunté si había algo en lo que me pudiese subir y ella me señaló una silla que se encontraba en uno de los rincones. Tomé la silla y la coloqué al frente del closet, me trepé en ella y esperé a que ella se acercara, se agachó a recoger una de las cajas dándome la espalda pero se empinó de tal modo que casi le pude ver el inicio de las nalgas. Mi verga comenzó a crecer y el bulto se marcó en mi pantalón, ella ya de frente a mí me tendió la caja y yo entonces me giré para subirla al sitio en donde ella me había indicado. La caja quedó acomodada y yo con mi erección bien marcada en la entrepierna. Finalmente tres cajas fueron acomodadas en el lugar y me bajé de la silla. La señora Sofía sin decir nada caminó hasta la sala y yo la seguí, no quería despedirme y yo suponía que esa era la parte que seguía pero entonces ella me sorprendió una vez más. ¿Por qué no tomas asiento? – dijo al verme de pie en la sala. Este, si… si. – me senté en el sofá de la sala. ¿Quieres un poco de refresco? – preguntó ella gritando desde la cocina. Si, señora… si es tan amable. La señora regresó con una charola y dos vasos, colocó uno de estos en mis manos y luego se fue a sentar justamente delante de mí. ¡Gracias por la ayuda!... No te imaginas como te lo agradezco. – dijo – Mi hijo va a llegar hasta tarde y con mi marido ni contar pues llega ya hasta la noche. Yo no sabía que contestar así que mientras bebía el refresco le sonreía nerviosamente. Ella tomó su vaso y se reclinó en el sillón, yo bajé discretamente la mirada entre sus piernas pero éstas se encontraban cerradas y no pude ver más que lo que ella me permitía, sus rodillas, las pantorrillas y parte de los muslos. Después de esos momentos un incomodo silencio se hizo en la casa, supongo que ninguno de los dos sabía que decir a una persona de edad tan diferente. Pero la experiencia de la mujer se impuso y entonces noté que sus piernas se abrían distraídamente mientras que ella se estiraba hacia una de las mesitas de los costados para coger una servilleta. Mi corazón se aceleró en esos momentos pues pude apreciar bien adentro entre sus piernas y lo que vi por supuesto que me elevó la temperatura hasta el cielo. La señora Sofía traía puestas como les comenté unas medias negras pero éstas se sujetaban en la parte de arriba con un ligero, vi claramente esta prenda cuando ella se reclinó para coger la servilleta. Cuando recobró la posición normal sus piernas se quedaron ligeramente abiertas y aunque no se apreciaba bien al interior lo que había ya observado me erectó de nuevo la verga. Me moví a un lado y al otro para tratar de acomodarme la verga sin que fuera muy notorio pero como ella me dejaba apreciar todavía algo entre sus piernas la erección no se iba a calmar. Aunque traté de retirar la mirada decentemente de entre sus piernas no lo conseguí y ella notó enseguida lo que veía. Cerró de pronto las piernas y creí que las cosas se iban a poner feas. ¿Te gusta lo que ves? – preguntó ella en tono enfadado. Es… Est… Este, yo, yo no veía nada. – dije casi temblado. ¿Qué acaso no estabas mirando debajo de mi falda? – continuó ella en el mismo tono. Yo, yo, no señora… Este, no era mi in…intención. – tartamudee. Pues si no has visto entonces… Lo que sucedió a continuación ni yo me lo creí en esos momentos. La madre de mi amigo separó sus piernas muy lentamente y pude ir mirando lo que se iba descubriendo. La falda se subió más y se pudo apreciar la blanca piel de sus muslos contrastando con lo negro de sus prendas. ¿Y ahora?... ¿Qué te parece? – preguntó mirándome maliciosamente. Es usted hermosa… No, no creo esto. – dije yo casi suspirando. Vamos, enséñame algo de lo tuyo… ¡Yo ya te mostré lo mío! No estaba escuchando bien o que era lo que estaba sucediendo, sería un programa de bromas. Por más que voltee a ver si localizaba alguna carama escondida no vi nada y acatando la orden de la bella mujer me levanté y abrí temblando mis pantalones. Ella esperaba ansiosa y con las piernas abiertas de par en par mostrando el liguero, las medias y su intimidad oculta por las pantaletas negras de encaje. Los pantalones quedaron a la mitad de mis rodillas y debajo del calzón se notaba la tremenda erección que palpitaba intensamente, la madre de mi amigo aguzó la mirada cuando notó que comencé a bajar la prenda y el duro y erecto tolete bajó lentamente con ella hasta quedar totalmente horizontal. La cabeza del pene brillaba intensamente y las venas del tronco se marcaban con fuerza en la desnuda piel, los bellos de mi vientre, oscuros y ensortijados se notaban ahora completamente. ¡Vaya muchachito!... No estás nada mal. – dijo la señora Sofía lengüeteando sus labios. Me quedé allí de pié sin saber que hacer y ella me pidió que me acercara, caminé como tonto con el pantalón y los calzones estorbando y ella se rió. ¡Anda, quítate esas cosas que te están estorbando! – dijo entre risas. Ha como pude me quité los zapatos, los pantalones y los calzoncillos quedando completamente desnudo de la cintura para abajo. Me paré justamente al frente de la señora pero un poco alejado de ella. ¡Acércate que no muerdo! – dijo ella. Me acerqué a ella completamente nervioso sintiendo que el corazón se me quería salir por la boca de tan fuerte que me palpitaba. La señora Sofía me examinó detenidamente mientras yo temblaba y estiró su mano para coger mi verga. Sentí los suaves dedos de sus manos meneándome lentamente la verga y mirando cada detalle de la misma. ¡Tienes un buen paquete para ser tan joven!... Dime ¿Te masturbas? Si. – dije en voz baja sintiendo mucha vergüenza. Bien, bien… Creo que la vamos a pasar muy bien… Oye ¿Ya has tenido relaciones con tu novia? No. – susurré. No te escuché. No. – dije más fuerte. Eso está todavía mejor… Un quintito… Te voy a enseñar a darle placer a una mujer, ya verás… Seguro que has visto películas pornográficas. No contesté pero moví la cabeza afirmativamente y de seguro ya completamente colorado. Bien, pues a partir de esos momentos quiero que olvides todo lo que hayas mirado de pornografía pues esa no es la forma correcta de tratar a una mujer que desea sentirse amada. No, las cosas como vas a conocer son completamente diferente a todo eso… Dime ¿Qué sientes mientras te estoy moviendo tu verga? Rico… Ya sabes lo que se siente cuando estás a punto de venirte, ¿verdad? Si. Pues no te vayas a venir, cuando sientas que estás a punto de correrte me lo avisas… ¿entendido? Si. La madre de mi compañero comenzó a masturbarme con más velocidad y yo sentí que me iba al cielo. En pocos minutos comencé a sentir que estaba al punto y se lo dije, ella bajó el ritmo de sus meneadas mientras me decía que controlara lo más posible mi venida pues de terminar no la podría satisfacer. Me dijo que bajara el ritmo de mi respiración y que apretara con fuerza el culo para evitar la eyaculación. Realicé no sin gran dificultad lo que ella me pedía y finalmente logré retrazar la sensación de venirme y no lo hice. ¡Bien, bien!... Eres un buen aprendiz, veo que haces caso de lo que te digo… Procura siempre retener lo más posible tu orgasmo pues de esta manera vas a hacer gozar más a una mujer y además lo vas a disfrutar más tú… Acércate más, quiero probar tus labios. Me junté más a la bella dama y ella se puso de pie, quedamos frente a frente, sus labios se pegaron a los míos, la lengua de ella se metió en mi boca y yo la fui siguiendo, con sus manos me cogió las mías y me hizo abrazarla, lo hice con fuerzas sintiendo sus pechos pegándose a mi pecho. Mis manos comenzaron a responder naturalmente a mis deseos y fui deslizando las manos por su espalda lentamente y llegué hasta las caderas. No me atreví a tocarle las nalgas, supongo que por temor a molestarla pero ella sabiendo que estaba en mis deseos el hacerlo me bajó las manos a sus nalgas con las suyas. Pasee lentamente mis manos por los cachetes y recorrí con nerviosismo la totalidad de esas suaves tibias y deliciosas carnes. La señora se separó unos instantes de mí y pidió que le sacara la blusa, zafé la prenda de entre la falda y la levanté para sacarla por la cabeza, ella estiró los brazos y pude apreciar las deliciosas bolas que tanto me fascinaban, estaban aun ocultas debajo del sostén pero se veían increíblemente maravillosas. Tras sacarle la blusa mis manos no titubearon en ésta ocasión y me apoderé de los dos senos de la bella mujer y los amasé por varios minutos, ella en una que otra ocasión me indicó como hacerlo para no causarle daño ya que al parecer yo era muy brusco. Seguí claro está las indicaciones de mi ahora profesota sexual y ella quedó fascinada con el resultado del aprendizaje que me daba. Me pidió que le sacara el sostén y aunque torpemente lo logré, quedé completamente maravillado con el par de hermosas carnes que descubrí, caían ligeramente por su propio peso pero no demasiado, estaban duros, firmes y los pezones al frente oscuros y sumamente puntiagudos, las aureolas eran de un tamaño regular y la forma del seno era deliciosa. Nuevamente practiqué las enseñanzas de Sofía pero ahora piel a piel. Me pidió le chupara los pezones y no tardé ni medio segundo en obedecer su orden. Mis labios se apoderaron de los puntiagudos botoncitos de carne y mi lengua se deleitó con la suavidad y temperatura de los mismos. Con otras pocas instrucciones de mi maestra al parecer aprendí justo lo que a ella le gustaba. La señora Sofía me sujetó por el cabello mientras le mamaba los senos y acarició con delicadeza, al poco tiempo algunos gemidos que escapaban de sus labios hacían más delicioso el aprendizaje. ¡Vamos!... Es momento de aprender cosas nuevas. – dijo ella. Me sacó la playera que traía puesta y mamó y chupó mis pezones haciéndome sentir cosas maravillosas. Al mismo tiempo una de sus manos me maneaba de nueva cuenta la macana. Quítame esto. – dijo haciendo alusión a su falda. Sin perder tiempo desabotoné la falda y la deslicé por sus piernas hasta el suelo, ella levantó cada uno de los pies para que se la pudiera sacar completamente. La visión de su cuerpo ahora solamente en liguero, pantaletas, medias y zapatilla era increíble, su vulva aun oculta debajo de las pantaletas se abultaba deliciosamente al frente de su cuerpo, las líneas de las piernas estaban exquisitamente talladas, la mujer a pesar de ser mayor que yo no le pedía nada a ninguna de las muchachas de la preparatoria. Me levanté y pegándome a su cuerpo la volvía a besar con intensidad, mi lengua se hundió en su boca profundamente y ella respondió abrazándome por la nuca y acariciando mi cabellera. Con mis manos busqué su larga y espesa cabellera negra amarrada con la cinta naranja y la acaricié despacio, bajé lentamente hasta abandonar el cabello y dedicarme a la piel suave y tibia de su espalda, bajé poco a poco hasta sentir que llegaba al borde del liguero, recorrí lentamente con mis dedos la prenda y bajé más hasta llegar a las nalgas. El tacto de la tela de encaje era delicioso, amasé delicadamente los cachetes buscando bien la separación del culo y pasando los dedos por allí para sentir bien la redondez de su trasero. La señora Sofía se separó de mí luego de unos minutos más de cachondeo y se sentó en el borde del sillón, atrayéndome sujeta de mis nalgas me hizo colocarme al frente y me pidió que pusiera atención. Despacio se llevó mi verga a la boca y comenzó a mamarme de una forma exquisitamente deliciosa, puse en práctica lo que ella me había dicho al principio para no venirme y afortunadamente dio resultado. Mientras que su boca mamaba una y otra vez mi barra me acariciaba con una mano las bolas y con la otra las nalgas. Te voy a dar permiso de que te vengas ahora. – dijo retirándose unos momento de mi verga. – No te preocupes por lo que siga pues yo me encargo de dejarte nuevamente a punto. Y sin más explicaciones continuó mamando mi garrote, sus labios se apretaban deliciosamente en mi verga y se la llegó a meter casi completa en la boca, a pesar de todos los esfuerzos que realicé para evitar la eyaculación en ésta ocasión me resultó imposible contenerme. Mi esperma salió poderosamente disparado en la boca de la bella mujer, ella lo tragó completamente, siguió mamando sin detenerse y mientras yo gemía presa de la cosa más deliciosa que nunca hubiese sentido ella tragó y tragó. No dejó de mamar sino hasta que finalmente perdí por completo la erección. ¡Cuanta leche te ha salido!... Es deliciosa… Eres un buen alumno. – dijo. Y tú una excelente maestra… No te imaginas lo mucho que he gozado con lo que me hiciste. – le respondí. Bien, no creas que aquí se termina todo… Es momento que me devuelvas el favor que te he hecho. Diciendo esto la hermosa mujer se recostó sobre el respaldo dejando su cuerpo semi recostado en el asiento del sillón, abrió las piernas ampliamente y haciendo a un lado la pantaleta sin pudor me mostró la rajada que se había estado ocultando a mis ojos, en la parte alta se veían los vellos oscuros de su vientre. Por unos momentos me quedé de pie y ella nuevamente me volvió a hacer la invitación, me hinqué en el suelo y acerqué el rostro a la fragante vagina de la mamá de mi amigo. Un embriagador aroma eclipsó por completo mis sentidos y no hice más que pegar mi boca a la vagina de la señora y sacar la lengua lo más posible para comenzar a lamer el agujero al centro. Ella me tomó por la cabellera y me acarició. Nuevas indicaciones comenzaron a hacerme cambiar mi estrategia, hurgué según las instrucciones de la encantadora mujer toda la concha y bebí los jugos calientes que comenzaban a manar de ella. Guiado por los sabios consejos de Sofía encontré el clítoris y lo chupé, lamí y sobé con la lengua logrando que ella se viniera entre gemidos y contorciones del cuerpo. Algunos minutos después ella me pidió que me levantara y quedé parado al frente del sillón, ella se levantó pero luego comenzó a hacer su cuerpo para atrás pero sin mover los pies del suelo, se fue reclinando hacia atrás hasta que sus manos se apoyaron en asiento del sillón, las piernas separadas, los senos completamente al aire y la cabellera colgando libremente debajo de su nuca. Parecía más bien una pose de yoga pero en verdad que se veía riquísima. ¡Méteme así la verga! – dijo. Será un placer. Me acomodé entre sus piernas separadas, con la mano hice a un lado la negra pantaleta y acerqué mi verga ya nuevamente erecta a la entrada vaginal. Sentí delicioso al momento de comenzar la penetración, nunca antes había cogido con una mujer, solamente me dedicaba a las chaquetas. Vi paso a paso como mi verga se perdió dentro de ese coño velludo, ella apretaba deliciosamente, me enterré hasta que quedé completamente dentro de su cuerpo. Con suaves movimientos comencé a menear las caderas, cogiendo suavemente tomé la cintura de la bella señora para ayudarla a sostenerse en la misma deliciosa posición. Empujé mi verga una y otra vez sintiendo como ella apretaba con fuerza mi tronco, pronto el garrote comenzó a salir completamente embarrado con los flujos de su interior, pesadas gotas de ese fluido caían sobre la alfombra mientras yo entraba y salía, un poco de ese caliente jugo bajaba por mis bolas y también se juntaba para luego caer en gotas sobre la alfombra. Un orgasmo más de mi compañera comenzó, sentí como su vagina se contraía con más fuerza haciéndome entrar en dificultades pues de no ser por lo que me había enseñado seguramente me hubiese venido así sin más. Empujé con fuerza una y otra vez mientras que ella se estaba viniendo y los gemidos se hicieron mucho más y más intensos en cada momento. Cuando su orgasmo hubo terminado ella se zafó de mi cuerpo y pesadamente cayó sentada en el sofá, mi verga completamente llena de sus jugos se balanceó arriba y abajo mientras yo jalaba todo el aire posible. ¡Qué bien has aprendido lo que te he enseñad! – dijo – Déjame arreglar este embarcadero. Se sentó nuevamente en el sillón y se tragó completamente mi verga devorando sus propios jugos. ¡Que rico siento cuando me la mamas así! – gemí. Sofía se levantó, me besó en los labios y entonces me dio la espalda, se hincó en el sillón recargando su cuerpo contra el respaldo quedó semi empinada, su culo precioso oculto por la pantaleta se abrió deliciosamente cuando lo hizo. Me pidió que se la metiera en esa posición, me acerqué y nuevamente hice a un lado la delicada prenda de encaje. Vi su ano y los labios vaginales apretados entre sus piernas, coloque la punta de mi pene en la entrada de su panocha y empujé. Comencé a ingresar en la caliente cueva, me sujeté de su cintura y empujé a fondo. Ella gimió al sentir que estaba completamente dentro y sus caderas se comenzaron a mover circularmente, yo inicié con los movimientos y se reinició una nueva cogida. La hermosa mujer no tardó en comenzar a tener un nuevo orgasmo que la hizo gemir deliciosamente mientras que yo la bombeaba lentamente a petición suya, de esta manera mi semen no se desperdiciaría y seguiríamos gozando de las deliciosas sensaciones que nos ofrecía este prohibido encuentro. Le saqué nuevamente la verga a la madre de mi amigo viendo su delicioso trasero perfectamente dibujado debajo de la tela de las pantaletas, ella se levantó del sillón y parándose frente a mí me besó con intensidad, al oído me susurró qué era momento de pasar a otro lugar y tomándome de la mano me llevó hasta su propia habitación. Ya en el cuarto la deliciosa señora me hizo recostarme en la cama boca arriba y ella de pie al borde de la cama subió uno de sus pies, lentamente se desabrochó la media del liguero y comenzó a bajarla despacio, enrollándola lentamente por toda su pierna, al final la prenda de seda salió volando por el aire hasta el otro lado de la habitación y lo mismo hizo con la otra, continuó su delicioso espectáculo quitándose el liguero y solamente se quedó con la negra prenda de encaje que cubría sus partes más deliciosas. ¿Por qué no terminas tú con esto? – preguntó ella sensualmente. Sin decir una sola palabra me levanté de la cama y de pie a su lado acaricié sus senos hermosos, me entregué por unos minutos al deleite de esos pezones erectos y oscuros y lentamente bajé una de las manos por el vientre y la otra por la espalda, pude sentir como el cuerpo de la bella mujer vibraba mientras yo me iba acercando lentamente hasta la única prenda que todavía traía puesta. Al llegar a la pantaleta metí lentamente los dedos por debajo de esta y mientras que con una mano recorría el canal del culo con la otra acariciaba la deliciosa mata de vello. Después de sobar durante algunos minutos esas dos delicias bajé lentamente las pantaletas hasta sacársela por los pies. Ahora con ella completamente desnuda besé cada parte de su cuerpo, ella me lo agradeció besándome intensamente en la boca y recostándome poco a poco en la cama hasta dejarme nuevamente tendido boca arriba, la bella madre de mi amigo se levantó y se dio la media vuelta de pie en la cama dándome la espalda, despacio se bajando y quedamos en la posición de sesenta y nueve, mi verga se metió pronto en su boca y yo no tardé en lamer la vagina nuevamente, ahora las mieles de la concha eran tantas que me deleité con gran cantidad de fluido, ella mamó también deliciosamente limpiando mi verga de todos los jugos que su gruta le había dejado. El sesenta y nueve únicamente duró algunos minutos y luego ella se levantó para girarse nuevamente y montarse sobre mi cuerpo pero de frente, con su mano guió la verga hasta su entrada vaginal y lentamente se penetró ella sola, la verga fue ganando terreno cada vez más y en segundos quedó completamente dentro de la apretada y deliciosa funda. Con movimientos lentos de su cuerpo la señora me comenzó a cabalgar, mi verga se encontraba completamente erecta con tanta delicia que ese cuerpo me ofrecía y mis manos ahora se apoderaban ya de los senos, ya de las nalgas. De vez en vez ella se agachaba para besarme intensamente en la boca. Un nuevo orgasmo por parte de la señora se presentó a los pocos minutos de la cabalgata y se quedó finalmente quieta con la verga completamente dentro de su cuerpo, me pidió que sintiera la forma en como su vagina se aferraba a mi delicioso tronco y que experimentara la calma de algunos segundos dentro de la pasión. Y efectivamente yo sentía como esa deliciosa concha se cerraba una y otra vez sobre mi garrote, como me trataba de succionar la leche que todavía no deseaba soltar, como sus jugos lentamente me inundaban más y más, los jugos de su venida bajando y mojando mis vellos púbicos; si, era una verdadera delicia la forma en como esta mujer me estaba tratando. Lentamente la señora Sofía elevó las caderas y mi garrote fue quedando a la vista y salió de entre esos deliciosos labios que lo apretaron hasta el final, elevada ella tomó la base del pene con una de sus manos y nuevamente comenzó a bajar las caderas, pero esta vez con un muy ligero movimiento de su cuerpo el glande no dio en la vagina sino que se incrustó entre esas deliciosas nalgas que se veían al fondo. Sentí delicioso como sus cachetes me apretaban con fuerza pero fue mucho mejor cuando sentí como ella se apretaba con fuerza la verga contra el ano, despacio el garrote se fue introduciendo lentamente hasta que el esfínter de ella se abrió y dejó que el glande lo penetrara. Sí el calor y estrangulamiento de su vagina eran deliciosos que puedo decir de esta parte de su cuerpo, la forma en como su culo se apretaba contra mi garrote era deliciosamente increíble, su calor era mucho más intenso también. Poco a poco el garrote se fue perdiendo dentro del culo y las sensaciones fueron incrementándose en cada momento, tuve que hacer acopió de toda la concentración que tenía para no eyacular en esos momentos. Tras varios minutos de lenta penetración por fin las nalgas de la señora Sofía se estrellaban contra mis piernas. Ella en todo momento de la penetración gimió y pujó, lo cual me indicaba que aparte del dolor que sentía experimentaba el goce. Después de algunos segundos de estarse quieta comenzó a menear sus caderas y nuevamente el más intenso placer se comenzó. Apoyada con los brazos sobre mi pecho ella meneaba sus caderas cadenciosamente y sólo se escuchaban los chasquidos producidos por la cogida que teníamos, éstos se mezclaban con los pujidos y gemidos que los dos estábamos soltando. Ella se comenzó a venir otra vez y levantó el cuerpo para quedar perfectamente perpendicular a mi cuerpo, yo miré entonces entre nuestros cuerpos para ver como se veía mi verga entrando y saliendo, la imagen no podía ser más excitante; el garrote atrapado entre ese par de cachetes que se alcanzaba a ver entre las piernas y detrás de la velluda vagina, salía y se ocultaba una y otra vez. Entonces ella al ver que la miraba fue echando el torso hacia atrás y al final sus manos quedaron apoyadas contra el colchón, su cuerpo completamente reclinado hacia atrás me abría toda la visión, sus piernas flexionadas completamente a los costados de mis piernas y las sensaciones acumulándose en cada momento. Aprecié la vagina abierta, escurriendo sus jugos, mi verga debajo, gruesa, venosa y llena de fluidos entrando y saliendo del apretado agujerito del culo. Soportamos en esa posición únicamente algunos minutos pues ella se comenzó a venir y me pidió que le aventara mi semen allí en lo mas hondo de sus entrañas, se aceleraron los movimientos de sus caderas y finalmente me comencé a venir junto con ella, las sensaciones que ambos experimentamos fueron verdaderamente intensas y gemimos con gran fuerza sin importar nada más, pronto los jugos de nuestros cuerpos comenzaron a correr fuera, mi semen saliendo con cada nuevo empujón y sus jugos fluyendo lentamente por entre su rajada. La calma llegó lentamente al infierno que habíamos provocado, todavía mi verga estaba dentro del ano de la madre de mi amigo, nos mirábamos y estábamos encantados con lo que había sucedido. Despacio ella se levantó y mi pene salió de su cuerpo. ¡Esto ha sido maravilloso! – dijo. ¡En verdad que sí! Bien pues ahora espero que no lo eches a perder contando a todos tus amigos que te has cogido a la mamá de uno de ellos… Recuerda que la discreción nos va a permitir seguir gozando cuando allá oportunidad… ¿Entiendes? Entiendo perfectamente bien señora. – dije muy seguro de mí – Y sinceramente espero que ésta no sea la única ocasión que tengamos de… “platicar” Ambos reímos ante este apelativo para lo que acababa de ocurrir. Pasaron exactamente cuatro semanas en las que no tuve más noticias de la mamá de mi compañero y por motivos escolares nuevamente se nos asigno realizar otro trabajo. Como de costumbre el mismo se realizó en casa de Juan, esta vez era un equipo de cuatro así que nos acompañaban otros dos muchachos. Yo imagino que durante ese tiempo la señora Sofía estuvo averiguando si había por allí algún rumor con respecto a lo que había sucedido entre los dos pero justamente como ella me lo había indicado fue completamente discreto y ni una sola palabra había salido de mis labios. Por supuesto que la miré detenidamente cuando llegamos ese día a su casa y la vi como siempre encantadora. Comenzamos a preparar el trabajo escolar y de vez en vez la señora nos preguntaba si deseábamos algo, en uno momento determinado Juan se levantó al baño y nos quedamos otros tres realizando nuestro trabajo. ¡Ya viste que bien está la mamá de Juan! – dijo uno de los otros. Si, en verdad que esta buena. – comentó el otro. Si, es una mujer muy hermosa… Supongo que tenemos que olvidar esos sueños guajiros, pues a una mujer así no le deben de faltar pretendientes y no creo que se fije en unos tipos como nosotros. – dije riendo por dentro. Si, tienes razón… Mejor vamos a continuar con lo nuestro porque si se entera Juan nos rompe la madre a los tres juntos. Reímos y continuamos con el trabajo que estábamos haciendo, Juan llegó y se sentó en su sitió, continuamos conversando de otras cosas y estábamos a punto de terminar cuando apareció nuevamente la mamá de Juan. ¿Puedo, “platicar” contigo un momento? – dijo dirigiéndose a mí y recalcando la palabra platicar. Sí, claro… ¿Dígame? – dije sorprendido. Puedes llevarle esto a tu mamá… Es un recetario que me prestó – dijo entregándome un sobre carta dentro del cual se sentía un libro o algo así. No lo abras hasta que llegues a tu casa, no se vaya a maltratar. – añadió. Al llegar a mi casa lo primero que hice fue abrir el sobre y efectivamente traía un recetario de cocina de mi mamá, pero también un sobre que venía dirigido a mí… Dentro solamente una hoja con los siguiente “En casa a las 16:00 horas, mañana”. No había nada más que decir, seguro que estaría allí puntualmente. FIN
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