Con los restos de la playera de Samanta, Leonardo le ató las manos arriba de la cabeza y después poniéndose en pie le sacó los zapatos y jaló los pantalones hacia abajo, la deliciosa silueta de su cuñada se le fue mostrando, sus pantaletas de color blanco con ese encaje al frente hacían de la visión algo extraordinario, la piel blanca de la mujer de su hermano era suave, tersa y fresca.