Lentamente él se acercó a mí, sus intenciones eran las que yo imaginaba y no pude escapar, los labios de Don Gustavo se posaron suavemente en los míos, sentí su calor recorriéndome el cuerpo entero y no pude más, entreabrí ligeramente mi boca para dejar pasar la caliente lengua que enseguida buscó a la mía.